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lunes, 18 de julio de 2011

Seis años sin Laurel Aitken


Lorenzo Aitken murió un 17 de julio del 2005. La noticia cayó como un balde de agua fría sobre todos sus seguidores alrededor del mundo y las muestras de cariño no se hicieron esperar. Sendos artículos sobre su vida y conciertos tributo, fueron las modalidades mas socorridas. Aquí, en México, se articulo una reunión en el Multiforo Alicia y se hicieron girar muchas de sus canciones. Aquella noche un grupo de jóvenes mexicanos demostró su respeto y cariño por un músico al que jamás consiguieron escuchar en vivo pero que en muchos casos dejo una huella profunda en sus vidas.

The Rise & Fall Of Laurel Aitken…
Laurel Aitken fue un cantante cubano por nacimiento, que desarrollo el grueso de su éxito como interprete en la isla de Jamaica y es, inevitablemente, un jamaicano adoptivo. Sin embargo, los últimos años de su vida transcurrieron en Leicester, Inglaterra y una de esas placas azules que los ingleses colocan para señalar aquellos lugares con trascendencia histórica da fe de ello en Munnings Close. La placa dice: “The legendary Godfather of Ska Lived Here”.

If You Need Good Loving Tonight…
Lorenzo grabo una gran cantidad de canciones que fueron prensadas por mucho sellos jamaicanos, ingleses e incluso belgas o alemanes. Algunos valientes han intentado hacer un recuento de toda su discografía pero invariablemente siguen apareciendo nuevas referencias del Padrino. Cadenciosos temas de Ska y R&B, potentes temas de Reggae, versiones DJ, caribeños calypsos, grabaciones con seudónimos e intensos temas a ritmo de Soul (esta última, quizás su faceta más desconocida e interesante). Laurel era un condominio, tenía espacio para todos. Flirteaba con cada ritmo y en cada ocasión fue correspondido.

This is the sound of now!!!...
Inicio su carrera desde muy pequeño y nunca detuvo su andar. De Jamaica a Inglaterra, de Alemania a España. Acá con the Unitone, allá con Potato 5, por allá con Los Skarlatines. Vamos a grabar Reggae, cantemos Soul. El era “El Padrino” y también era el maestro, aunque se veía a si mismo como un aprendiz, siempre al tanto de las novedades siempre intentando refrescar su trabajo, su sonido. Lorenzo tenía fuerza ilimitada y creatividad de sobra y no dudo que actualmente hubiese participado con fuerza a lado de esa horneada de agrupaciones que han adoptado al Soul como bandera. Ya lo veo, compartiendo sus enseñanzas a una agrupación de jóvenes aprendices al estilo Al Supersonic & the Teenagers. Ya lo veo, advirtiendo a las chicas sobre el Boogie Wookie (¡No lo muerdas! ¡No lo muerdas!). Lo veo haciendo bailar decenas de chicos con botas y tirantes. Le veo rodeado por Mods bailando “Boogie In My Bones”. Lo veo. ¡Ahí esta!...

¡Diablos, Lorenzo! Si parece que ni te has ido...

lunes, 1 de febrero de 2010

Clubbed. De puños elegantes y valor...


Tuvo que pasar un año para que me hiciera con una copia de Clubbed. Le traía entre ojos desde que mire el thriller e incluso estuve a punto de comprarla en un HMV de Glasgow por unas libras pero se me escapaba como muchas otras cosas y, de pronto, de una manera ciertamente inesperada apareció ante mis ojos. Una situación tan curiosa que bien valdría la pena contar el hallazgo por su parte (breve y simple, aunque las situaciones aledañas terminarían por darle sabor).

En fin. Leí ya un par de reseñas y la sinopsis de la película, no dicen mucho ciertamente: Un pelele que encuentra al coraje al hacer nuevos amigos. Un argumento tan viejo como fiable, éxito casi asegurado.
Obviamente, éste que suscribe no perdería valiosos minutos de su vida escribiendo si se tratase de algo tan pobre.

Uppercut!!! me gusta esa palabra para definirla. Es un hit, un madrazo, un verdadero gancho al mentón. Un argumento, ya lo dije, clásico pero con un trama envolvente; un soundtrack de gran calidad que rompe con los cliches que rondan el momento histórico en que se desarrolla la historia (los siempre cuestionables años 80), buen casting y un vestuario de lujo (british street style is the way!!!) son solo un par de características a destacar. Vaya hasta el diseño del poster merece mencion (este que vemos es la version francesa).

Es una historia de HOMBRES. Sí, hombres con mayúsculas (y hasta resaltado con negritas) de esos que saben usar bien los puños y la cabeza, de esos que defienden sus ideas, de esos que harían lo que sea por su familia, de los que conocen el valor de la lealtad y la gratitud. Punto, no hay mas que decir.

Tengo tan presente ese concepto de Hombre últimamente que tras la proyección de la película quede shockeado; tengo tal aprecio por las pandillas y el sistema de valores que se maneja al interior de estas que termine por prendarme del argumento. Parecería que los ingleses tienen relativa facilidad para contar este tipo historias y hacerlo bien ó ¿será esa extrema fascinación personal por el imperio británico y la vida de sus suburbios?
De cualquier modo Clubbed tiene ese algo que le hace especial, que le hace merecedora de un espacio en la repisa y una segunda o tercera proyección, que le otorga el carácter de recomendable

Harrington jackets, box, Roland Alphonso, tonic suits, drogas, la noche, “Blowing My Mind to Pieces”.
Hay tienes algo mas por si te hacia falta un incentivo…

viernes, 1 de enero de 2010

En el Sol. Viernes 1o. de Enero de 2010...


Son las 4:00 A.M. del 1º. de Enero de 2010, ese reloj con forma de single de la Motown que cuelga de la pared me lo acaba de indicar al ritmo de “Shop Around”. Adoro ese reloj, una buena amiga me lo regalo hace tiempo.

Acaba de empezar la segunda década del tercer milenio y yo sigo aquí, escuchando a Marvin Gaye (el What's Going On, para mayor información) y leyendo un libro viejo, un libro de paginas amarillas. Acaba de pasar una década… ¡una década!... ¿te das cuenta?

La verdad es que me la trae muy floja Obama, el Bicentenario, la influenza y el mundial en Sudáfrica; me la trae aun mas floja las listas de los mejores discos de la década de la revista Rolling Stone pues -y lo digo con regocijo- hace exactamente diez años o un poco mas que deje de consumir esa basura.

(Aquí es cuando hacen entrada las palabra una y década, escoltadas por signos de admiración).

Diez años viviendo en un underground de mediodía, diez años recorriendo estas vías.

Todo comenzó con una cinta TDK con grabaciones de Ska Argentino y adaptaciones nacionales, luego llegaron the Specials y luego the Skatalites y entonces una bomba estallo y aquel chico no fue mas el mismo. Tenia 13 (que ternura) y con mi camisa de estampado azul a cuadros y mi gorra de béisbol buscaba y rebuscaba las cintas de mis grupos favoritos: Fabulosos Cadillacs, Madness y la agrupación valuarte del Ska mexicano, El Inspector (que via cruzis fue localizar aquella grabación en vivo).

Al año siguiente cambie la gorra de béisbol por un sombrero de paño y seguí usando mi preciosa camisa a cuadros; el sombrero y los tirantes ya me distinguían de entre los otros adolescentes, a mi y a otra decena de inadaptados con sombrero y tirantes. Leíamos hojas en fotocopias y escuchábamos música cada vez mas distante geográficamente y cronológicamente hablando, fueron buenos años mezclando licores fuertes y baratos con viejas canciones. Perdiendo y ganando peleas. Fumando carrujos para viajar al interior de aquellas fotos en alto contraste y saludar a Prince Buster en persona.

Fueron los mejores años, llenos de listas de discos para hacer intercambios, con hojas informativas y fanzines por todos lados. Con batallas a lado y en contra de nuestros inseparables compañeros, los Skinheads originales. Rudeboys bailando contra el racismo.

Madrugadas hablando de mundos distantes, madrugadas repletas de Ska. Litros y litros de cerveza. No hagan ruido, los chicos rudos están bailando.

¿Y luego?... bueno, luego el Reggae nos inundó y los tirantes siguieron erguidos pero los sobreros dieron paso a muchas cabezas rapadas. ¡Ah! y para colmo circulo entre los amigos un VHS que seguro se arruino de tantas proyecciones. La historia iba de un chico con chaqueta verde y sus amigos que iban en motos escuchando una música extraña.

Un buen argumento cinematográfico ¿no?... me sonaba de algo.

La cosa es que me afecto tanto que hice lo imposible por procurarme una chaqueta verde como esas y un día paseando por el mercado me encontré un viejo disco de vinilo con aquellos muchachos en portada y una semana después regrese por él. Mi viejo seguía molestando por comprar aquellas antigüedades pues ni siquiera teníamos tocadiscos en casa pero a mi me importaba un pepino me divertía viendo la portada y sacando el disco de su funda. Creo que recuerdo hasta los créditos de las canciones y cada detalle de la foto con el viejo Brighton Pier al fondo. En ese pedazo de carton de 13 X 13 pulgadas, leí algo que cambio mi vida: "Mod es un aforismo para vida limpia a pesar de las circunstancias". - Peter Meaden.

¿Qué diablos es un aforismo?... ¡A quien le importa!… “… vida limpia a pesar de las circunstancias”, hombre, eso si lo entiendo y lo entiendo muy bien. Sócrates, Platón y Aristóteles pueden ir al diablo; Pete Meaden es el más grande filósofo de nuestros tiempos, sentencias como esta no salen de cualquier boca.

Mi vida cambio. Mi vida cambio, te lo juro. Aquellas palabras desmembraron mi mente, aquellos trajes a medida me impactaron y la luz de aquellos faros cromados me cegó. Volví a nacer a los 16.

Repare un viejo tocadiscos y la aguja recorrió esos quadrophenicos surcos muchas veces, luego llegaron los primeros discos de the Animals, the Yardbirds y los compilados de Motown, además ya tenia mi propia chaqueta verde.

Las gracias a la red de redes deben ir por esta parte del relato, que si bien las enormes caminatas buscando material auditivo siempre eran fructíferas, fueron necesarias varias horas frente al monitor para hacerse de aquellos discos imposibles.

Gracias a ese invento de hombre blanco que llego con sumo retraso a mi hogar, pues fue como el mejor invento del hombre negro comenzó a invadirme.

Por aquel entonces ya había DJ’s muy improvisados y comenzaban a organizarse las primeras sesiones de música en el centro de la ciudad, CHema Skandal y sus box sets de Trojan Records hacían la delicia de todos. Así fueron esos días, con CD’s y algún LP rescatado de la basura, con un punto verde bailando entre cabezas rapadas y chicos bicromaticos.

Inevitablemente y aun rodeado de los amigos de toda la vida, me veía solo y rebasado, así que no habiendo más opciones para mí, me las saque de la manga. Escribí mi propio fanzine y comencé a organizar mis propias fiestas. (Que te cuente el que lo ha vivido abajo, que yo entre la organización y demás no recuerdo mucho. Eso si, siempre gente bonita y la mejor música del momento). Acción, esa es la palabra. No lo olvides. Ya casi era mayor de edad cuando lo comprendí.

No pretendo irme año con año, llevo cinco y siento que me han faltado tantas y tantas cosas, como las primeras salidas a otras ciudades para escuchar música toda la noche y conocer nuevos amigos. Como aquella vez que conocí a los Skatalites, como el día que encontré al amor de mi vida bailando el “Hot Shot” de Dermott Lynch.

Me saltare unos años por conveniencia, pero quizás se los contare en otra ocasión; de cualquier modo hare remembranza de algunos sucesos apabullantes por ejemplo la inolvidable primer edición del Chewing Gum Weekend, primer Mod/Sixties Weekender de México, organizado por un grupo locos; de la primera sesión de Northern Soul pinchada en México por un autentico Soulie from Manchester (aunque este acontecimiento va en el apartado anterior), mi primer visita a la mítica ciudad de Tijuana, cuna del escena Mod mexicana (este ya mereció una buena crónica que se incluye en esta maravillosa web), mi primer paseo en Vespa, la noche mágica en el noveno piso bailando hasta el amanecer… ¡wow! creo que no voy a terminar.

De entre todos los recuerdos de esta década me quedo con dos para finalizar este cuento.

El primero es sobre este joven Mod recibiendo un paquete de libros y fanzines; al leer uno de los libros –que durante días pareció estar adherido a mis manos- me mire reflejado en aquellas paginas, cada palabra era un reflejo de mi andar. Un madrileño en los ochenta hablando de muchachos ingleses de los años sesenta estaba describiendo la forma de andar de un joven mexicano en pleno siglo XXI. Vaya locura pero así fue, ese día me reafirme y grite con más orgullo: ¡Soy un Mod!

Luego entonces, después de abrir los ojos y conocer parte de los hechos comencé mi cruzada en pro de “las buenas costumbres”: elegancia extrema y la mejor música del mundo, el R&B y sus vertientes.

(Solo para argumentar mi militancia cuasi talibán a partir de entonces comento que la idea es ser conciente del origen, de la raíz del todo y con esas bases, que cada quien agarre su rama. El respeto ante todo.).

Bien después de este repaso breve a otro puñado de hojas y palabras que trastornaron mi existencia, va el recuerdo final de esta década.

Nos encontramos al mismo Mod, otrora chico con gorra de béisbol, otrora Rudeboy skatalitico; con unos años mas encima, con algunos kilos demás y un bonito corte de cabello caminando por las calles de Kensington, viene de una noche de R&B y Ska en Wardour St. Camina feliz tarareando las canciones que le acompañaron en su adolescencia y juventud, por la mañana ira en busca del callejón de Quadrophenia en Brighton, hace años que no desempolva esa vieja película pero es inevitable, uno no cruza le Atlántico a diario.

Han pasado diez años desde que soñaba con caminar por esas calles, desde los primeros fanzines. Han sido diez años, un largo aprendizaje. Una cruzada que apenas comienza.

Inevitable disfrutar del aire del Atlantico norte golpeando su rostro pero como México no hay dos y Londres ya no es lo que era. Ahora muere de ganas de regresar y contar a sus amigos que pasa por este lado del mundo. De fraguar una nueva explosión y dar la bienvenida a una nueva era...